Laura Zita

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Burbujas

In Cuentos on marzo 18, 2012 at 4:39 pm

Escondidas bajo la piel tienes burbujas de sensaciones que se revientan al toque, siento como traspasan la piel y se meten por las yemas de mis dedos. Cierro los ojos y me dejo llevar por tu aroma dulce y seductor, mientras las burbujas se funden con mis huellas digitales. Te podría recorrer por horas y horas buscando cuál es tu secreto. Quisiera saber qué es eso que escondes que me hace buscar noche tras noche, día tras día.

No sé aun si solo se permite un gran amor por vida, si éste solo es otorgado a los niños y los locos, pero tu aroma me llena las fosas nasales llegando a mi cerebro y revoloteando en miles de endorfinas que hacen vibrar cada célula de mi cuerpo.

Sigo recorriendo con mis dedos tu piel, ahora camino por tus venas sintiendo como pulsan llenas de vida. Quisiera poder ir a la velocidad de tu sangre tibia, conocerte por dentro tanto como te conozco por fuera.

He contado cada lunar, he mirado cada línea que se hace en tu piel para memorizarla cuando no estás conmigo, para no sentir tanto tu ausencia, para con solo pensarte poder regresar al campo de flores al que me llevas cuando me tocas.

Quisiera a veces poder meter mis dedos en tu piel, poder sentir la tibieza de tus entrañas y comerte poco a poco. Quisiera olfatearte hasta que mi cerebro explote. Por Dios que amo tu olor, tan mío, tan hombre, tan animal…

Tus burbujas se disuelven en mis entrañas y tu sangre corre por mis venas mientras nuestra pequeña hija se va formando dentro de mi. Te siento dentro. Te siento tan dentro que a veces me cuesta diferenciar entre tú y yo.

Soy un pequeño animalito hambriento desde que te conocí. Hambriento de tus palabras, tus miradas, tu voz que me hace vibrar aun después de tantos años. Sigo tan hambrienta de ti como el primer día que probé tu piel y me volví adicta a tu calor, a esa energía que me hace entregarme por completa a ti. Sin miedo, sin miramiento, sin razón.

Cerré los ojos y solo seguí tu mano. Cerré los ojos y solo escuché tu voz que en la distancia me decía que viniera. Cerré los ojos y ya no supe más de mi, ni de mi pasado. Cerré los ojos y solo pude respirar tu aliento. Cerré los ojos y solo encontré la esperanza de una vida mucho mejor tomada de tu mano, sintiendo tu costado a mi costado.

Los ojos se me desbordan, las lágrimas corren mientras la felicidad me inunda y me deja en éxtasis. El futuro, el presente tienen un sentido tan diferente ahora. Hoy solo es hoy, mañana la certitud de que todo irá bien, que tú eres tan mío como yo soy tuya. Que sin importar nada más, no me siento sola ahora, solo extendida en ti, en nuestras hijas y en un prado lleno de flores que me ofreces cuando me tocas.

Este es el amor loco de la adolescencia, el que todo lo puede y en el que no existen limitaciones ni final. Pensé que pertenecía solo a la ingenuidad, a la falta de heridas, pero hoy que me llena, me doy cuenta de que es solo el regalo de Dios para los corazones que aun creen que es posible.

Recuerdo cuando no tenía fe, cuando pensaba como todos y me dejaba abatir por la desesperanza. Caminando sin sentir el piso, sin vivir, sin esperar nada y viendo como los días pasaban. Todos iguales al anterior.

Ahora la vida crece dentro de mi, nuestra vida, nuestra sangre, nuestro amor hecho piel y tripas. Hoy no podría perder la esperanza cuando ésta crece fuertemente dentro de mi, se mueve y de cuándo en cuándo me patea suavemente para recordarme que aun cuando se está formando dentro de mí y está hecha de nosotros, es ella misma.

Hombre de mi vida, me has hecho una mujer. Una de verdad, una de esas que son frágiles y fuertes, que lloran lágrimas de felicidad y que miran con los ojos llenos de fe.

Una mujer que no teme volar hasta el cielo con tus besos y que no piensa en la caída. Una mujer que lo da todo y no está pensando en la recompensa, porque la recompensa la vivo día a día en nuestra casa, esperando tu llegada para cubrirte de besos y seguir viviendo el sueño.

Hombre de mi vida, me haces tan feliz, tan infinitamente feliz. Hambrienta de ti, hambrienta de tu mirada que me lleva a un paraíso de endorfinas que me inundan la cabeza y me hacen suspirar (bis).

Hombre de mi vida, me has dado paz. Paz de saber que eres mío, paz de saberme tuya. Paz de aprender juntos, de observar nuestros múltiples errores y defectos y saber que solo son caminos para seguir juntos y enamorados de nuestra vida. Paz de saber que más allá de ti y de mi está nuestra vida, nuestra familia que crece y se vuelve las raíces de nuestro árbol.

A veces me siento tan pequeñita junto a todo lo que sigue sucediendo como si la vida se fuera mas allá de mis manos, de mis sueños y se volviera una película que solo observo de lejos. Sin embargo, cuando siento nuevamente tus manos en mi piel, tu calor dentro y fuera de mi, regreso a la realidad y a la fantasía de ser parte de esta película de amor francés que se graba en los libros de nuestras vidas.

Gime mariposas dentro de mí

In Cuentos on febrero 22, 2012 at 4:33 am

Deliciosa piel de seda que se derrite en mis manos. Deliciosa piel cálida y joven que me envuelve y acaricia con sueños de libertad y fuga. Hombros redondos y fuertes, pecho apacible y carnoso, garras ansiosas de lujuria y deseos encarnados en la costumbre. Lo tuyo es amar, morder, destrozar, venderte al mejor postor. Engatusar con tu lengua venenosa para conseguir lo que deseas. “La primera es por la casa”, dijiste… mientras tu cuerpo joven y radiante se deslizó dentro del mío. “

¿Cuántas veces vas a querer hacerme el amor?”, preguntaste…

Una, mil, un millón… hasta que mi cuerpo se harte del tuyo. Hasta que mis oídos se sacien de tus historias, de tu aventura, del brillo de la novedad. Un día, dos, tres, diez.

¿Cuánto tiempo hasta que encuentres otra consumidora de tus deseos? Otra más que quiera saltar a la piscina de tu piel, a tus besos profundos y largos, a tus grandes manos que estrujan, a tus dientes que muerden y arrancan pedacitos de suspiros.

Finges paciencia mientras me haces quitarme la ropa, mientras envuelves mis oídos con palabras amorosas y tiernas. “No te debe dar pena, nunca debe haberla entre un hombre y una mujer, mientras los dos quieran”, dijiste…

Mi ropa cae sola, mientras mis entrañas claman por sentirte dentro, caliente, intenso, una y otra vez… una y mil veces más. Te deseo tanto, tan ardientemente. Mis labios te aprisionan a mi boca, mis manos guían las tuyas sobre mis senos, mi entrepierna que se prepara para tu embiste.  Muerdo lentamente tus brazos mientras me tomas profundamente hasta hacerme gritar. La cabeza me da vueltas mientras siento como me partes en dos, en una rara combinación de dolor y deseo. Mas adentro, más, muerde, rompe, gime mariposas por debajo de mi piel. Quema mi helado corazón con mentiras de seductor. Susurra mimos en mis muslos, sigue las líneas de mi derrier con tu lengua, dibuja flores de saliva en mis corvas.

Embiste, ataca como una bestia feroz, rompe mi cama, mis barreras, mi cordura. Toma mis manos con fuerza por encima de mi cabeza, sujeta mis muñecas y hazme sentir tu poder. Hoy soy tuya, solo por unos minutos, unas horas, sin condiciones, sin protecciones.

Seductor de palabras venenosas, de mil y una frases, de halagos y galanteos prediseñados. Llenos de verdades y mentiras, de una larga lista de amantes ingenuas y experimentadas en el sufrimiento y el dolor. Sabes leer mi pena, sabes que decir, que botón pulsar, púlsalo así suavemente con tus dedos, que se entremeten nuevamente en mi piel húmeda e invitante. Gime mariposas dentro de mi piel… una y otra vez.

Tu tierno cuerpo, tu sonrisa honesta me engaña, me regala eternidad solo hoy. Tuya, mío, todo, nada. Divina piel que quiero morder lenta y fuertemente… deshacer en hilitos de algodón de azúcar. Hilitos llenos de jugo agridulce, llenos de la historia de una vida, de un dolor, de una pérdida, de dos vidas, de tres, de diez.

Cuando te escucho atentamente, olvido a momentos que minutos antes te tenía entre las piernas haciendo figuras dentro de mi, gimiendo mariposas debajo de mi piel… es como si fueras otro.

Uno es el que rompe y me pierde y otro, el que me cuenta su crónica. Su vida tan llena de pasión, huida, soledad, lazos familiares rotos, hijos, mujeres, sexo, ilusiones, pérdidas, abandono…

Te escucho tan humano, tan sincero, que me turba no sentirme turbada. No estar cubierta de tabúes ni de miedos al saberte de una, de otra, de mil. ¿Qué quiero de ti? ¿Una noche, un relato, unos orgasmos, una delicioso sabor a lujuria, un amigo con quien compartir? ¿Todo lo anterior?

No lo sé hoy, no lo quiero saber… hoy sólo gime mariposas dentro de mí… 

Yo, escritora…

In Cuentos on enero 12, 2012 at 4:04 pm

Dibujo imágenes en mi cabeza que nunca tengo tiempo para escribir, me detengo y disfruto de todo lo que voy imaginando y sigo diciendo que mañana empezaré a escribir. Ese mañana no llega nunca. Se vuelve un hilo interminable de días, semanas, meses y nunca hay tiempo suficiente. Me digo que me falta disciplina, pero verdaderamente lo que me hace falta es tiempo y un espacio para mí.

Las horas corren demasiado rápido y no encuentro cómo bajarme de la máquina de ama de casa en la viajo ahora. Los trastos se amontonan, la ropa no se lava sola y la casa sigue tirándose aun cuando no hay nadie en ella mas que yo. Nunca pensé demasiado en el trabajo de una ama de casa. Nunca me detuve a reflexionar sobre cómo sería el vivir esta vida que parece calmada y serena, pero que está llena de pequeños detallitos que no dejan que tome ni un minuto para mi misma.

No tengo hoy una historia que contar. Todo parece girar alrededor de la escoba y el trapeador (con los cuales no tengo una muy buena relación). Todo parece girar también en torno a mi hombre, mis hijas y las miles de cosillas que voy encontrando en mi camino y que están fuera de lugar. Los platos y vasos que parece que se reproducen solos y viajan a todos los rincones de la casa.

Enciendo un cigarro mientras escribo este texto y me hace sentir un placer culposo que me llena de una pequeñita sensación de libertad. Cada bocanada me recuerda esos momentos de soledad y contemplación donde en la oscuridad y el silencio escribía historias de mujeres, diminutos momentos en los que una vida cambia, en los que una mujer se encuentra consigo misma y descubre miles de secretos que solo se pueden hallar en su cabeza.

Mis secretos son mas simples, mis deseos más sencillos. Hoy solo quiero un poco de tiempo para mí. Extraño a mis mujeres y sus historias. Extraño convertirme en otra y describir lentamente cómo vive su vida, cómo siente, cómo anhela y cómo desenvuelve su feminidad con desesperación, esperanza, fe y amor.

Escribir se convierte en un deseo que nace desde el fondo de mi imaginación y de todas esas historias que voy escuchando en la calle, de la boca de mis amigas, de las mujeres que veo por la calle y de tantas mujeres que sin saberlo han marcado mi vida.

Todas tienen un lugar especial en estos cuentos que me invento, que escribo para tratar de entender un poco el mundo que yo nunca viviré. La cabeza de cada una de ellas tiene muchos pedazos de imágenes, de vivencias que las han marcado y que se pueden convertir en historias cotidianas con las que cualquiera se puede relacionar.

Es curioso cómo unas cuantas palabras que danzan sobre un papel pueden darle sentido a todo. Me encanta descubrir un poco de mí en las historias de alguien más. Quisiera poder conocer todos y cada uno de sus secretos para poder dibujar con palabras su personalidad y como están viviendo algún momento de su vida.

No me interesa contar toda su historia, solamente me gusta desenmarañar ese momento íntimo y privado que las hace fuertes y vulnerables. Me gustan los pensamientos profundos en los que descubren quiénes son, muchas veces con desesperación, muchas otras con ilusión.

Cuando tengo la oportunidad de conocer a alguna de estas musas presto mucha atención a su historia, cómo la cuentan, cómo se sienten y sobre todo trato de ponerme en sus zapatos para ser un testigo fiel de sus vidas. Me gusta también ver cómo aun cuando tratan de ocultar sus miedos con bromas, sufren. Me gusta mucho más ver al ser humano que lucha por vivir el día a día sin poder ocultar sus más secretos miedos.

Cada historia por mas cuidadosa que sea contada tiene muchos tintes de verdad y de mentira. Amo ver cómo la memoria es engañosa y una situación triste puede ser un día el más terrible momento y días después una historia de aprendizaje y reflexión.

Tengo muy abandonada a mi escritura y me tengo muy abandonada a mi. He buscado cada día complacer a mi pareja, a mis hijas, a mi entorno. Busco como encajar en un mundo diferente, con reglas que aun no entiendo y que posiblemente nunca llegue a entender. Tengo abandonada esa parte que me hace divertida y loca, que me hace saltar de alegría por las pequeñas cosas y que me hace convertir esas pláticas en dulces cuentos.

Este es un nuevo comienzo y en lo que me ajusto he abandonado lo que tanto amo por tratar de sobrevivir en una tierra fría y lejana que poco a poco me descubre su misterio. Cada día es más sencillo estar acá, sin embargo todavía tengo una sensación de miedo y de expectativa de lo que aparecerá mañana.

Es verdaderamente claro que me gusta la aventura y que me arriesgo en situaciones desconocidas para probarme a mi misma y que tengo un afán eterno de conocerlo todo y experimentarlo todo. Traté de controlar mi entorno hasta que él mismo me controló a mí. Regreso hoy a mí misma por medio de unas palabras. Esas palabras que me hacen escritora, testigo, audiencia de la vida que pasa frente a mí y que me invita a plasmarla en un papel para que la eternidad se lleve esos cuentos más allá de mi vida y de mi tiempo.

No es lo mismo que cazar gatos

In Cuentos on mayo 14, 2011 at 6:17 pm

Hoy amanecí un poco alterada, la noche no me cayó bien y me siento como apaleada. A las 3 de la mañana me levanté a comer. El gran vacío que tenía en el estómago, me despertó. Me siento muchas veces como un animal hambriento o como si dentro de mi viviera uno. Se va formando como un nudo justo debajo de mi diafragma y poco a poco este nudo crece y se vuelve un hueco que siento que me va a tragar por dentro.

Si no satisfago rápidamente su hambre, me hace revolcar por las nauseas más fuertes y asquerosas que he sentido en toda mi vida. Mi boca saliva y siento que me voltearé completa de adentro hacia fuera.

No quiero vomitar, es demasiado doloroso. Así que corro a buscar algo con que satisfacer su apetito. Muchas veces este antojo tiene un nombre, a veces con cualquier animalito del jardín es suficiente. Me da mucha pena tener que cazarlos en la oscuridad, pero no tengo otro remedio.

La última noche, desperté pensando en la gata negra que pasea en el patio trasero de la casa. Nunca supe si tenía dueño, pero no se veía descuidada y menos aun mal alimentada. Todas las noches, la veía paseando cerca de la ventana de mi habitación. Oía sus maullidos y la veía esconderse entre las sombras.

Ayer soñé como tomaba su cuerpecito con mis manos y en menos de un tronido, la partía en dos y bebía su sangre caliente. Sentía como la sangre se escurría por mis labios y entraba por mi garganta. El sabor a hierro era demasiado fuerte y me hizo despertar del asco. Tosí hasta que mi cuerpo sintió las arcadas previas al vomito. Entre dormida y despierta, aun descalza, me deslicé hacia el jardín trasero, donde la gata negra se escondía entre los arbustos debajo de mi ventana.

No me tomó ni un minuto agarrarla por el cuello. En un solo movimiento, con las dos manos troné su cuello. Fue demasiado fácil, lo difícil ahora: era beber su sangre sin vomitar del asco. Me llegó el olor a hierro nuevamente. Mi boca comenzó a salivar como cuando pienso en el pay de queso que comemos en Navidad. Dulce, suave y lleno de sabor.

Mientras cierro mis ojos y muerdo lentamente al felino me imagino que es el pay de queso. Crujiente en su costra de pay y suave y lechoso en su interior. El sabor no es tan desagradable, pero me doy cuenta rápidamente de que si quiero beber la sangre lo tengo que hacer rápidamente antes de que se enfríe.

No solo bebo la sangre, también disfruto de su carne jugosa y su interior caliente. Antes de ayer, solo había comido algunos insectos que encontraba a puños entre la maleza y había intentado morder a una rata muerta que encontré cerca de la coladera. Sin embrago, un cadáver frío empieza rápidamente a descomponerse y solo me provoco un vomito intenso toda la noche.

Mi olfato también ha cambiado, puedo oler a kilómetros a mi próxima presa. No es fácil entregarse a este placer culposo y cuando huelo algo que se me antoja comer trato de disfrazarlo con alguna vianda fresca que encuentro en el refrigerador. Nunca es lo mismo y el hambre solo se calma por unos minutos, pero siento que no termino por saciarme.

Las primeras noches de cacería pensaba que todo era parte de mi imaginación. Muchas veces desperté en la mañana con los pies sucios de tierra y las uñas llenas de lodo. Siempre creía que había sido un sueño, pero el sabor amargo de la sangre seca me decía que había sido real.

Intenté comer bien antes de dormir para evitar los bocados nocturnos, también llevé algunas galletas y dulces a la cama en caso de que el hambre me despertara. Noche tras noche, en mis sueños, veía como me escurría por la puerta trasera para buscar pequeños animalitos en el jardín.

Nunca había comido algo tan grande como un gato, pero me llenó de energía y por primera vez sentí que el hambre que me quema las entrañas se apagó.

Todo el día estuve somnolienta y malhumorada, pero también me siento fuerte y valiente. Siento pena por los animalitos del jardín. Siento pena también por las mascotas de los vecinos, pero por ahora y mientras mi bebé crezca tendré que comerlos de uno en uno.

Tal vez cuando tenga más práctica pueda ir por animales más grandes, tal vez incluso uno de mis vecinos. En esas noches de antojos, lo he pensado mucho y creo que con los meses un gatito o incluso un buen perro faldero no será suficiente. Mi bebé está creciendo rápidamente y sus necesidades también. Así como su hambre y su olfato para elegir a la siguiente comida.

Mi bebé tiene una preferencia especial por esas niñas que vienen a vender chocolates. Cada vez que tocan a la puerta siento como se me hace agua la boca. Siento su olor en la lengua e imagino su sabor dulce y apetitoso. Cuando vienen a la casa, abro rápidamente y compro todos los chocolates que puedo, solo para estar segura de que regresarán.

Desde que abro la puerta, el olor de sus cabecitas se mete por mi nariz y se convierte en un antojo que me revuelve el estómago. Siento como mi bebé se mueve y agudiza mis sentidos. Mientras las niñas están haciendo su labor de ventas y me dan varias cajas de chocolates, puedo oír como su dulce sangre caliente corre por sus venas al tiempo que mi boca se hace agua y mis manos ansían terminar con sus tiernas existencias y succionar toda la sangre que llevan por dentro.

Sin embargo, sé muy bien que no lo puedo hacer así. No durante el día y espero casi con fervor que llegue la noche y soñar con alguna de ellas. Mientras, me conformo con los animalitos que encuentro en el jardín.

Llega nuevamente la noche y con ella mi ansiedad. Hoy intentaré dormir, no estoy segura de que me levante a cazar en el jardín. Estoy cansada, pero también hambrienta. Cierro mis ojos y espero que mis sueños de sangre y animalitos nocturnos no me ensucien demasiado los pies. Mientras intento dormir, mi bebé va despertando. Quiere comer, tiene hambre nuevamente y sabe bien que es lo que quiere.

Me dejo caer en el ensueño, mientras imagino nuevos espacios para cazar. Ayer vi unos pequeños niños que dormían en unas calles solitarias cerca de mi casa. Tengo que pensar muy bien como acercarme y llevarme a uno de ellos. No es lo mismo que cazar gatos.

Las fronteras y el amor (2010)

In Cuentos on abril 26, 2011 at 5:54 pm

Estoy en el proceso de emprender el viaje de mi vida. Y como todo viaje verdaderamente emocionante y trascendente se complica, se tuerce y se retuerce en sí mismo.

La vida es tan interesante. Hasta el día que quieres moverte en una dirección diferente en la que lo has hecho toda tu vida te das cuenta de lo difícil que es. El mundo está abierto a miles de posibilidades, pero no los países.
Durante este año, he tenido la gran oportunidad de viajar fuera de mi país y conocer muchas cosas interesantes. He atravesado el océano atlántico y he visto paisajes mágicos, tan diferentes a los que he observado en México. He comido comida deliciosa y exótica, tomado los vinos más peculiares y vomitado las tripas cuando mi estómago no llega a comprender a qué estoy jugando.

Definitivamente, si tuviera la opción de viajar por todo el mundo lo haría, mis sentidos completos están ávidos de conocerlo todo, probarlo todo y tener millones de fotografías en mi cabecita para cuando sea vieja.

Ahora me doy cuenta de que el mundo es tan grande o tan pequeño como tú lo quieras ver. Sin embargo, también he podido darme cuenta de cómo los gobiernos celosos de su espacio y cuidadosos de su población han marcado líneas tan gruesas en las fronteras. Los gobiernos imponen requisitos cada vez mas difíciles de cumplir y evitan a toda costa que a los inmigrantes se les facilite el paso a sus países.

Países como Estados Unidos, que se han formado por los inmigrantes, olvidan sus orígenes y vuelven la espalda a quienes quieren vivir en su país e intentar alcanzar el “sueño americano”. ¿Qué tan real es este sueño? No lo sé, sin embargo, muchos de mis paisanos arriesgan sus vidas diariamente para alcanzarlo.

Este sueño es verdaderamente caro y peligroso. Aun así, a los que se atreven a hacer este viaje no les importa lo que arriesgan, pensando en lo que van a ganar.

Los latinoamericanos no somos los únicos que creemos que en otro país las oportunidades serán mejores que en el nuestro. En todo el mundo, la inmigración es un fenómeno que lleva a los pobres a buscar una mejor oportunidad fuera de casa, lejos de sus familias y generalmente lleva consigo muchos peligros, soledad y tristeza.
Las fronteras se hicieron para mantener a los indeseables fuera de un territorio, sea cual sea. Y cumplen su función como divisiones terrestres, pero también administrativas.
Durante casi la mitad de este año, me he dedicado a la titánica tarea de buscar como reunirme con mi pareja. El es francés, yo mexicana. No ha sido nada sencillo, ya que al yo pertenecer a un país en desarrollo todo parece apuntar a que estoy buscando, lo que buscan tantos latinos en Estados Unidos. No niego que posiblemente mis condiciones de vida serán mejores en Europa, sin embargo, hoy no lo sé. Yo solo estoy persiguiendo el amor donde quiera que éste se encuentre. Hoy está en Francia, pero podría estar en cualquier otro lugar y yo como soñadora enamorada quisiera estar con mi pareja formando una familia.

Mis condiciones económicas no son las de los “mojados”, ni me encuentro en una situación profesional que me impida conseguir lo que quiero en mi país. Pero el amor me llama al otro lado del Atlántico y no puedo evitar oír su llamado.

Los trámites son eternos y caros, la burocracia lenta y entorpecedora. No conozco todas las condiciones para las visas en la Unión Europea, pero en Francia existen mas de 20 tipos especiales de visa. Ellos no quieren llevarse ninguna mala sorpresa y por medio de sus trámites engorrosos y largos tratan de desanimar a los que no tienen suficiente espíritu para alcanzar la meta.

Yo soy incansable y nuestro amor es fuerte. Así que continuaré en la lucha y juntaré todos los requisitos que el gobierno francés me pida, sin embargo me queda una inquietud: ¿Las fronteras que nos separan, de verdad, harán que los países sean mejores y más fuertes?

Mi viejo

In Cuentos on marzo 3, 2011 at 4:12 am

 

Mañana sería el cumpleaños de mi viejo, si no hubiera muerto hace casi dos años. Si recuerdo el día que murió, pero no tengo ganas de andar pensando en su muerte. Me gusta más pensar en el día que nació. Soy demasiado ansiosa como para esperar hasta mañana para felicitarlo. Para él, su cumpleaños no era la ocasión más importante, pero hacía un buen berrinche si nadie se acordaba. Este año cumpliría 89 años!!!

Recuerdo tanto sus manos calientitas, su voz fuerte y su cara tierna. Arturo, mi padre, es el hombre más impresionante que he conocido en toda mi vida. Lleno de energía, nunca entendió un “no” y menos aún un “no se puede”. Ahora mismo, cuando las cosas se ponen perras y no sé muy bien para donde moverme, puedo escuchar su voz en mi oído diciéndome que todo siempre tiene una solución y que si no es de una manera es de otra.

De niña, me encantaba estar con él, jajajajaja, bueno y hasta como los 35 años, jajajajaja. Era tan divertido, tan loco y con ganas de hacerlo todo.

Me tocó conocerlo en su mejor momento. Poco después de que yo nací, él se jubiló. Y nos dedicamos a pasear, recorrer tiendas, comer helados, imaginar todas las cosas que podíamos comprar algún día. Él me enseñó que puedes tener todo lo que quieras, pero no es necesario tenerlo todo. Muchas veces, íbamos al centro comercial y me ayudaba a hacer grandes listas de cosas que me gustaría tener. Me ayudaba a ahorrar para comprar alguna cosa nueva, pero era tan divertido hacer las santas listas que terminaba no siendo tan importante comprarlo todo. Me llenaba tanto los ojos de millones de imágenes y colores que cuando llegaba a la casa me sentía llenita aún cuando solo habíamos comprado un helado o una tontería pequeñita.

Mi viejo creía de verdad que no existía la palabra no y también que no había NADA imposible. Cuando pasaban cosas difíciles veía como su alma se desgarraba para tratar de calmar mis lágrimas y me quería comprar lo que fuera para consolarme. Si él hubiera podido me hubiera comprado un esposo nuevo cuando el anterior se fue. Si él hubiera podido me hubiera comprado el apéndice que perdí de niña. Si él hubiera podido me hubiera comprado el mundo y me lo hubiera regalado un día nublado.

Mi viejo es el hombre que más me ha amado en la vida. Gracias a él, hoy puedo identificar el amor verdadero, ese que yo necesito. Ese que me hace sentir fuerte y segura. A mi viejo nadie le parecía suficiente, me celaba y me incitaba a ser mi propia persona. Él nunca consideró que yo necesitara un hombre. Para él, yo era una niña. Las niñas no necesitan nada más que a su papá. Y mi papá se hacía fuerte ante mis ojos mientras se desmoronaba por dentro.

Mi viejo estaba bien enfermo y nunca quiso preocuparnos ni dejar de ser el soporte de la familia. Con la mirada orgullosa y la frente en alto se escondía tras los rincones y en el fondo de su Tsuru para sufrir su dolor. Tenía un tipo de Parkinson que tiene que ver con la edad, pero sobre todo estaba perdiendo el control de su movilidad porque su cerebro cansado de tanto arreglar el mundo ya no quería funcionar igual. Ya no podía funcionar igual y él se resistía a descansar, a darse por vencido y sobre todo a pedir ayuda.

Mi viejo como los elefantes se empezó a aislar y tomo camino para morir. Sobre todo se fue alejando de mi. Ya no llamaba tanto y no me quería ver todo el tiempo como antes. Recuerdo tanto el día que llegó a mi casa y no podía casi ni hablar. Lo llevé al doctor y resultó que tenía varias áreas del cerebro atrofiadas, sobre todo las que regulaban la movilidad y el habla. Salió de ahí, rendido. Con la mirada de niño y dispuesto al fin a ser cuidado.

Mi viejo que me lo dio todo, me iba a dejar cuidarlo por primera vez. Fue un momento, mágico, fuerte, importante que me llenaba de felicidad y tristeza. Que me obligaba a ser un adulto y que me decía aún cuanto me amaba. De otra manera, en esta ocasión, él me necesitaba a mi.

Por razones ajenas a esta linda historia no pude cuidarlo como yo hubiera querido, ni me lo pude robar y tenerlo en mi casa hasta que muriera, pero si lo pensé unas mil veces. Cuando se me permitía verlo, lo alimentaba como un bebé y era tan dulce ver su cara, sentir como su velita se estaba apagando. No fue nada sencillo pensar que de verdad se iba a morir, que no había medicina que lo curara ni remedio que lo hiciera sentir mejor, pero él me había prometido que nunca iba a morir!!!! Mintió.

Lo extraño muchísimo y aún de repente puedo sentir sus manitas calientitas sobre mi cara. Recuerdo su voz fuerte y llena de ese poder que tienen los padres para confortar. Definitivamente no era una niña cuando él murió, pero fui su niña por 35 años. En los que me llenó de felicidad, buenos recuerdos, muchas risas, peleas estúpidas sobre el Támesis y el Eufrates (en serio) y millones de momentos de complicidad.

No puedo escribir en tan solo unas líneas todos las travesuras que hacíamos ni todos los proyectos locos que apoyo y estimuló. Siempre creyó en mi y en mis locuras, aun cuando para él todo tenía que ser profesional y bien hecho y yo desistía de cada proyecto porque ya no me gustaba. Me dejó ser la niña más consentida y mal educada del mundo para convertirme en la mujer más caprichuda y testaruda del mundo, jajajajaja.

Hoy que él ya no está, ya no hay quien me consienta, jajajajaja, bueno siempre hay alguien, pero no de la misma manera. Sin embargo, me he aprendido a cuidar sola, a hacerme sentir bien y sobre todo me enseñó a ser incondicional para mi hija. Yo no tengo tan buen caracter como lo tenía mi padre, pero jalo de todas mis fuerzas para poder darle a Mishelle una probadita del amor Zita. De ese amor, loco, incondicional, sin reglas y sin límites que mi padre me enseñó que hace hijos fuertes y decididos.

Podría seguir y seguir escribiendo miles de cosas que aprendí de mi viejo, lo amo tanto y espero que mañana que es su cumpleaños pueda estar peleando en el cielo con su nuevo amigo Malagón o con alguno otro que haya sido sindicalizado o solo sea un viejito cascarrabias como él y se la pase genial viendo desde allá que sus hijas, su mujer y sus nietos lo aman y lo recuerdan con mucho cariño.

Te amo, pa

PD: Un regalito de pre-cumpleaños

Soy rosa

In Cuentos on febrero 10, 2011 at 4:31 am

No ando por la vida queriendo ser rosa, pero soy rosa. Me siento rosa por dentro y por fuera.

En estas tierras grises, llenas de caras serias y millones de reglas, me veo a mi misma como una manchita rosa que hace ruido, se ríe a carcajadas y brincotea de emoción cuando algo le gusta.

 

No todo el tiempo traigo algo rosa en mi vestimenta, pero me siento rosa por dentro. Un rosa pastel, pálido que puede ser un poco frío al tacto, pero que está lleno de ilusiones y sueños de niña. Un rosa que me hace frágil y ligera, que me da la ternura de una rosa rosa, pero que me permite conservar mis espinas bien afiladitas para cuando sea necesario usarlas.

Me siento mas rosa aún ahora que estoy llena de amor y de buenos pensamientos.

¿Hay otro color que exprese mejor mis sentimientos? No, soy rosa

El lobo

In Cuentos on octubre 26, 2010 at 4:31 am

Qué difícil es cuando te toca y te hace sentir que no puedes soportar más la ropa que te cubre… que quieres cubrir de besos su boca y su cuerpo de caricias. Qué te quema el haber prometido una y otra vez que nunca más. Que si tuvieras un solo día para vivir su piel dentro de la tuya lo tomarías aun cuando eso significa que solo lo tendrás que por unas horas… duele…

Prometes una y mil veces que esta vez es diferente, no le tomas la llamadas y juegas a ser difícil… inalcanzable… pero si te agarra en un momento de debilidad y escuchas su voz. Te ves a ti misma, desde lejos, aceptando un encuentro que tú sabes que no va a llevar a nada, solo unas horas sudorosas y miles de remordimientos.

¿Cómo alguien que te hace sentir tan bien, te hace sentir tan mal? Porque no te quiere a ti, solo a ti y se compromete. Se la pasan tan bien juntos, se ríen, juegan, comparten mil historias, pero sabes que en cuanto se vaya no habrá una llamada, ni siquiera una promesa de un encuentro posterior. Hasta que él, nuevamente tenga ganas de ti, por aburrimiento, por aprovechar la situación, porque siempre estas disponible.

Tú misma te ves de lejos saltar de emoción al recibir su llamada, saltas más alto para verlo y llegar a él, cuando él ni siquiera hace el esfuerzo por pasarte a buscar, tú llegas solita al matadero. Inmediatamente, te quiere quitar la ropa y tú le dices mil veces “no va a suceder” mientras te enredas en sus besos y envuelta en pasión te dejas llevar.

Después de estar piel con piel, de haberte llevado al cielo te deja caer desde las alturas con un sarcástico comentario: “¿No que no querías? Siempre dices lo mismo y ve”. ¡Mierda, lo volviste a hacer! Volviste a creer que lo que te dice tu piel, tu pasión, será verdad solo esta vez. Cada caricia, cada palabra dulce al oído, mientras se enredan en el baile de los cuerpos, parece una promesa de amor tácita que te eleva y te hace verte con él por siempre.

Si solo esos encuentros no tuvieran ese término abrupto podrías sostenerte de la fantasía siquiera unos días más, pero él no quiere que vivas de la ilusión quiere que sepas que esto es todo lo que vas a obtener de él. Porque no hay más, siquiera no para ti.

Cuando llega la cruda, cuando estás sola con millones de frases no dichas, con reclamos, palabras amorosas que te tragaste, con “te quieros” callados que se fundieron en gritos de pasión y éxtasis, te preguntas mil veces ¿qué no tengo? qué me falta? ¿por qué no me quiere a mí? ¿por qué sigue buscando y no soy yo? Si solo me diera una oportunidad, yo lo haría tan feliz…

Mientras no escuchas su llamado, aparentas ser una persona normal, cuerda. Sin embargo, cuando el lobo aúlla, como presa corres a su encuentro con hambre de él, con sed de sus labios, con ansias de amor.

Todos los otros hombres te parecen sosos, aburridos, no les das la menor oportunidad, pero si tu lobo llama… corres a ser devorada.

Es tan difícil decir que no, cuando lo que realmente deseas es que él deje de decir que no. Que te acepte como parte de su vida y te permita entrar en la de él. Que te ame, que te cuide y proteja como lo hace en tus sueños. Pero sabes que no va a suceder y esperas la próxima batalla, donde casi siempre has sido la perdedora, una presa más, otra piel, un gemido más para su colección de relaciones vacías y absurdas.

Más valdría correr que vivir el remordimiento de no haber puesto un límite, una barrera para tu corazón que se detiene a su comando. Más valdría no haberlo conocido. Tú siempre te consideraste cuidadosa, juiciosa y firme en tus creencias y tu actuar. ¿Qué tiene él que te encrespa los bellos de la espalda con solo tocarla? ¿Qué tiene que con un suspiro en tu oído sientes que se te caen las bragas? ¿Qué poder sobrehumano tiene que te embruja y le permites todo?

Duele aun más cuando te das cuenta de que definitivamente no eres tú, que si tiene novias, si mantiene relaciones amorosas con otras mujeres, pero tú nunca pertenecerás a esa lista. Que si no fuera por esas noches empiernados no habría nada más. Que aunque quieras no puedes volver atrás y convencerlo de que vea tus ojos, que te vea como una persona de carne y hueso, pero sobre todo que tome en cuenta tus sentimientos.

Se pierde por semanas, meses y cuando regresa vuelve a arruinar tu tranquilidad, tu cordura y te engañas diciéndote: esta vez sabré decir que no…

La musa fugitiva

In Cuentos on octubre 26, 2010 at 3:32 am

Mi musa se fue, tomó sus maletas y huyó. Se cansó de suspirarme historias al oído, de llenar mis sueños de cuentos fantásticos y mis pensamientos mas profundos de imágenes, olores y colores. Se cansó de que no la escuche, de que siempre estoy ocupada o demasiado cansada para escribir. Que cada noche le digo: “hoy no, pero mañana te dedicaré unos minutos”. Nunca es verdad porque cada noche estoy mas cansada que la anterior.

Así, ella se fue. Escapo por una pequeña grieta que había en un muro de mi habitación. Se hizo tan delgadita como un soplo de viento y se escabulló por detrás de mi nuca. Yo estaba tan cansada que ni siquiera sentí cuando me besó en la sien dulcemente, mientras musito un adiós.

Yo pensaba que las musas eran como la sombra y que estaban irremediablemente cosidas a su dueño. Que ellas no podían mas que esperar pacientemente hasta que el artista, volteara con hambre de creación y ellas estarían llenitas de nuevas ideas. Pues al parecer, no. Mi musa huyó.

También creía que las musas se morían sin que el artista las alimentara de sentimientos, emociones y nuevas experiencias, pero la mía va bien gordita y feliz por la vida. Viviendo y experimentando por ella misma. Debí haberla cuidado, debí haberla nutrido de nuevas sensaciones. Debí haberle prestado oídos dulces y dado palabras alentadoras, pero no, solo la utilizaba cuando la necesitaba y la abandonaba cuando la vida me daba otras satisfacciones.

La extraño. Extraño la suave brisita que soplaba en mi oreja, su voz melodiosa que llenaba mis sueños lúcidos, su mano que guiaba la mía mientras escribía cuentos escalofriantes que me llenaban de miedo. Amaba sentir su compañía, palmo a palmo. Adoraba mirar de reojo y verla ahí juntito a mi.

Ahora miro sobre mi hombro y no hay nada. Mi musa huyó, tomó sus maletas y despegó con sus propias alas. Está volando por tierras lejanas. Probándolo todo y tomando miles de fotografías. Está contenta, corriendo por las calles, saludando desconocidos, guardando en su bolsita recuerdos de cada ciudad y pueblo que visita.

La envidio un poco. Envidio su libertad y ligereza. Envidio que no tenga obligaciones ni presiones ni tiene que pagar cuentas ni levantarse temprano. No más, ahora es libre y está llena de curiosidad y ganas de vivir.

Mi musa huyó. Está recolectando anécdotas, pero no me preocupa, ya regresará cuando se aburra y quiera venir a susurrarme sus ansias de libertad y aventura porque ella sabe que esté es su puerto, su hogar.

Amo los girasoles

In Cuentos on octubre 25, 2010 at 1:14 pm

Amo los girasoles casi tanto como las aventuras y las frases de amor. Soy una incansable buscadora de formas de complicarme la vida, amante de las palabras, los amores desenfrenados y locos, los cuentos, los sueños lúcidos y los susurros de musas inspiradoras

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