Laura Zita

Yo, escritora…

In Cuentos on enero 12, 2012 at 4:04 pm

Dibujo imágenes en mi cabeza que nunca tengo tiempo para escribir, me detengo y disfruto de todo lo que voy imaginando y sigo diciendo que mañana empezaré a escribir. Ese mañana no llega nunca. Se vuelve un hilo interminable de días, semanas, meses y nunca hay tiempo suficiente. Me digo que me falta disciplina, pero verdaderamente lo que me hace falta es tiempo y un espacio para mí.

Las horas corren demasiado rápido y no encuentro cómo bajarme de la máquina de ama de casa en la viajo ahora. Los trastos se amontonan, la ropa no se lava sola y la casa sigue tirándose aun cuando no hay nadie en ella mas que yo. Nunca pensé demasiado en el trabajo de una ama de casa. Nunca me detuve a reflexionar sobre cómo sería el vivir esta vida que parece calmada y serena, pero que está llena de pequeños detallitos que no dejan que tome ni un minuto para mi misma.

No tengo hoy una historia que contar. Todo parece girar alrededor de la escoba y el trapeador (con los cuales no tengo una muy buena relación). Todo parece girar también en torno a mi hombre, mis hijas y las miles de cosillas que voy encontrando en mi camino y que están fuera de lugar. Los platos y vasos que parece que se reproducen solos y viajan a todos los rincones de la casa.

Enciendo un cigarro mientras escribo este texto y me hace sentir un placer culposo que me llena de una pequeñita sensación de libertad. Cada bocanada me recuerda esos momentos de soledad y contemplación donde en la oscuridad y el silencio escribía historias de mujeres, diminutos momentos en los que una vida cambia, en los que una mujer se encuentra consigo misma y descubre miles de secretos que solo se pueden hallar en su cabeza.

Mis secretos son mas simples, mis deseos más sencillos. Hoy solo quiero un poco de tiempo para mí. Extraño a mis mujeres y sus historias. Extraño convertirme en otra y describir lentamente cómo vive su vida, cómo siente, cómo anhela y cómo desenvuelve su feminidad con desesperación, esperanza, fe y amor.

Escribir se convierte en un deseo que nace desde el fondo de mi imaginación y de todas esas historias que voy escuchando en la calle, de la boca de mis amigas, de las mujeres que veo por la calle y de tantas mujeres que sin saberlo han marcado mi vida.

Todas tienen un lugar especial en estos cuentos que me invento, que escribo para tratar de entender un poco el mundo que yo nunca viviré. La cabeza de cada una de ellas tiene muchos pedazos de imágenes, de vivencias que las han marcado y que se pueden convertir en historias cotidianas con las que cualquiera se puede relacionar.

Es curioso cómo unas cuantas palabras que danzan sobre un papel pueden darle sentido a todo. Me encanta descubrir un poco de mí en las historias de alguien más. Quisiera poder conocer todos y cada uno de sus secretos para poder dibujar con palabras su personalidad y como están viviendo algún momento de su vida.

No me interesa contar toda su historia, solamente me gusta desenmarañar ese momento íntimo y privado que las hace fuertes y vulnerables. Me gustan los pensamientos profundos en los que descubren quiénes son, muchas veces con desesperación, muchas otras con ilusión.

Cuando tengo la oportunidad de conocer a alguna de estas musas presto mucha atención a su historia, cómo la cuentan, cómo se sienten y sobre todo trato de ponerme en sus zapatos para ser un testigo fiel de sus vidas. Me gusta también ver cómo aun cuando tratan de ocultar sus miedos con bromas, sufren. Me gusta mucho más ver al ser humano que lucha por vivir el día a día sin poder ocultar sus más secretos miedos.

Cada historia por mas cuidadosa que sea contada tiene muchos tintes de verdad y de mentira. Amo ver cómo la memoria es engañosa y una situación triste puede ser un día el más terrible momento y días después una historia de aprendizaje y reflexión.

Tengo muy abandonada a mi escritura y me tengo muy abandonada a mi. He buscado cada día complacer a mi pareja, a mis hijas, a mi entorno. Busco como encajar en un mundo diferente, con reglas que aun no entiendo y que posiblemente nunca llegue a entender. Tengo abandonada esa parte que me hace divertida y loca, que me hace saltar de alegría por las pequeñas cosas y que me hace convertir esas pláticas en dulces cuentos.

Este es un nuevo comienzo y en lo que me ajusto he abandonado lo que tanto amo por tratar de sobrevivir en una tierra fría y lejana que poco a poco me descubre su misterio. Cada día es más sencillo estar acá, sin embargo todavía tengo una sensación de miedo y de expectativa de lo que aparecerá mañana.

Es verdaderamente claro que me gusta la aventura y que me arriesgo en situaciones desconocidas para probarme a mi misma y que tengo un afán eterno de conocerlo todo y experimentarlo todo. Traté de controlar mi entorno hasta que él mismo me controló a mí. Regreso hoy a mí misma por medio de unas palabras. Esas palabras que me hacen escritora, testigo, audiencia de la vida que pasa frente a mí y que me invita a plasmarla en un papel para que la eternidad se lleve esos cuentos más allá de mi vida y de mi tiempo.

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