Laura Zita

Archive for 2012|Yearly archive page

Burbujas

In Cuentos on marzo 18, 2012 at 4:39 pm

Escondidas bajo la piel tienes burbujas de sensaciones que se revientan al toque, siento como traspasan la piel y se meten por las yemas de mis dedos. Cierro los ojos y me dejo llevar por tu aroma dulce y seductor, mientras las burbujas se funden con mis huellas digitales. Te podría recorrer por horas y horas buscando cuál es tu secreto. Quisiera saber qué es eso que escondes que me hace buscar noche tras noche, día tras día.

No sé aun si solo se permite un gran amor por vida, si éste solo es otorgado a los niños y los locos, pero tu aroma me llena las fosas nasales llegando a mi cerebro y revoloteando en miles de endorfinas que hacen vibrar cada célula de mi cuerpo.

Sigo recorriendo con mis dedos tu piel, ahora camino por tus venas sintiendo como pulsan llenas de vida. Quisiera poder ir a la velocidad de tu sangre tibia, conocerte por dentro tanto como te conozco por fuera.

He contado cada lunar, he mirado cada línea que se hace en tu piel para memorizarla cuando no estás conmigo, para no sentir tanto tu ausencia, para con solo pensarte poder regresar al campo de flores al que me llevas cuando me tocas.

Quisiera a veces poder meter mis dedos en tu piel, poder sentir la tibieza de tus entrañas y comerte poco a poco. Quisiera olfatearte hasta que mi cerebro explote. Por Dios que amo tu olor, tan mío, tan hombre, tan animal…

Tus burbujas se disuelven en mis entrañas y tu sangre corre por mis venas mientras nuestra pequeña hija se va formando dentro de mi. Te siento dentro. Te siento tan dentro que a veces me cuesta diferenciar entre tú y yo.

Soy un pequeño animalito hambriento desde que te conocí. Hambriento de tus palabras, tus miradas, tu voz que me hace vibrar aun después de tantos años. Sigo tan hambrienta de ti como el primer día que probé tu piel y me volví adicta a tu calor, a esa energía que me hace entregarme por completa a ti. Sin miedo, sin miramiento, sin razón.

Cerré los ojos y solo seguí tu mano. Cerré los ojos y solo escuché tu voz que en la distancia me decía que viniera. Cerré los ojos y ya no supe más de mi, ni de mi pasado. Cerré los ojos y solo pude respirar tu aliento. Cerré los ojos y solo encontré la esperanza de una vida mucho mejor tomada de tu mano, sintiendo tu costado a mi costado.

Los ojos se me desbordan, las lágrimas corren mientras la felicidad me inunda y me deja en éxtasis. El futuro, el presente tienen un sentido tan diferente ahora. Hoy solo es hoy, mañana la certitud de que todo irá bien, que tú eres tan mío como yo soy tuya. Que sin importar nada más, no me siento sola ahora, solo extendida en ti, en nuestras hijas y en un prado lleno de flores que me ofreces cuando me tocas.

Este es el amor loco de la adolescencia, el que todo lo puede y en el que no existen limitaciones ni final. Pensé que pertenecía solo a la ingenuidad, a la falta de heridas, pero hoy que me llena, me doy cuenta de que es solo el regalo de Dios para los corazones que aun creen que es posible.

Recuerdo cuando no tenía fe, cuando pensaba como todos y me dejaba abatir por la desesperanza. Caminando sin sentir el piso, sin vivir, sin esperar nada y viendo como los días pasaban. Todos iguales al anterior.

Ahora la vida crece dentro de mi, nuestra vida, nuestra sangre, nuestro amor hecho piel y tripas. Hoy no podría perder la esperanza cuando ésta crece fuertemente dentro de mi, se mueve y de cuándo en cuándo me patea suavemente para recordarme que aun cuando se está formando dentro de mí y está hecha de nosotros, es ella misma.

Hombre de mi vida, me has hecho una mujer. Una de verdad, una de esas que son frágiles y fuertes, que lloran lágrimas de felicidad y que miran con los ojos llenos de fe.

Una mujer que no teme volar hasta el cielo con tus besos y que no piensa en la caída. Una mujer que lo da todo y no está pensando en la recompensa, porque la recompensa la vivo día a día en nuestra casa, esperando tu llegada para cubrirte de besos y seguir viviendo el sueño.

Hombre de mi vida, me haces tan feliz, tan infinitamente feliz. Hambrienta de ti, hambrienta de tu mirada que me lleva a un paraíso de endorfinas que me inundan la cabeza y me hacen suspirar (bis).

Hombre de mi vida, me has dado paz. Paz de saber que eres mío, paz de saberme tuya. Paz de aprender juntos, de observar nuestros múltiples errores y defectos y saber que solo son caminos para seguir juntos y enamorados de nuestra vida. Paz de saber que más allá de ti y de mi está nuestra vida, nuestra familia que crece y se vuelve las raíces de nuestro árbol.

A veces me siento tan pequeñita junto a todo lo que sigue sucediendo como si la vida se fuera mas allá de mis manos, de mis sueños y se volviera una película que solo observo de lejos. Sin embargo, cuando siento nuevamente tus manos en mi piel, tu calor dentro y fuera de mi, regreso a la realidad y a la fantasía de ser parte de esta película de amor francés que se graba en los libros de nuestras vidas.

Gime mariposas dentro de mí

In Cuentos on febrero 22, 2012 at 4:33 am

Deliciosa piel de seda que se derrite en mis manos. Deliciosa piel cálida y joven que me envuelve y acaricia con sueños de libertad y fuga. Hombros redondos y fuertes, pecho apacible y carnoso, garras ansiosas de lujuria y deseos encarnados en la costumbre. Lo tuyo es amar, morder, destrozar, venderte al mejor postor. Engatusar con tu lengua venenosa para conseguir lo que deseas. “La primera es por la casa”, dijiste… mientras tu cuerpo joven y radiante se deslizó dentro del mío. “

¿Cuántas veces vas a querer hacerme el amor?”, preguntaste…

Una, mil, un millón… hasta que mi cuerpo se harte del tuyo. Hasta que mis oídos se sacien de tus historias, de tu aventura, del brillo de la novedad. Un día, dos, tres, diez.

¿Cuánto tiempo hasta que encuentres otra consumidora de tus deseos? Otra más que quiera saltar a la piscina de tu piel, a tus besos profundos y largos, a tus grandes manos que estrujan, a tus dientes que muerden y arrancan pedacitos de suspiros.

Finges paciencia mientras me haces quitarme la ropa, mientras envuelves mis oídos con palabras amorosas y tiernas. “No te debe dar pena, nunca debe haberla entre un hombre y una mujer, mientras los dos quieran”, dijiste…

Mi ropa cae sola, mientras mis entrañas claman por sentirte dentro, caliente, intenso, una y otra vez… una y mil veces más. Te deseo tanto, tan ardientemente. Mis labios te aprisionan a mi boca, mis manos guían las tuyas sobre mis senos, mi entrepierna que se prepara para tu embiste.  Muerdo lentamente tus brazos mientras me tomas profundamente hasta hacerme gritar. La cabeza me da vueltas mientras siento como me partes en dos, en una rara combinación de dolor y deseo. Mas adentro, más, muerde, rompe, gime mariposas por debajo de mi piel. Quema mi helado corazón con mentiras de seductor. Susurra mimos en mis muslos, sigue las líneas de mi derrier con tu lengua, dibuja flores de saliva en mis corvas.

Embiste, ataca como una bestia feroz, rompe mi cama, mis barreras, mi cordura. Toma mis manos con fuerza por encima de mi cabeza, sujeta mis muñecas y hazme sentir tu poder. Hoy soy tuya, solo por unos minutos, unas horas, sin condiciones, sin protecciones.

Seductor de palabras venenosas, de mil y una frases, de halagos y galanteos prediseñados. Llenos de verdades y mentiras, de una larga lista de amantes ingenuas y experimentadas en el sufrimiento y el dolor. Sabes leer mi pena, sabes que decir, que botón pulsar, púlsalo así suavemente con tus dedos, que se entremeten nuevamente en mi piel húmeda e invitante. Gime mariposas dentro de mi piel… una y otra vez.

Tu tierno cuerpo, tu sonrisa honesta me engaña, me regala eternidad solo hoy. Tuya, mío, todo, nada. Divina piel que quiero morder lenta y fuertemente… deshacer en hilitos de algodón de azúcar. Hilitos llenos de jugo agridulce, llenos de la historia de una vida, de un dolor, de una pérdida, de dos vidas, de tres, de diez.

Cuando te escucho atentamente, olvido a momentos que minutos antes te tenía entre las piernas haciendo figuras dentro de mi, gimiendo mariposas debajo de mi piel… es como si fueras otro.

Uno es el que rompe y me pierde y otro, el que me cuenta su crónica. Su vida tan llena de pasión, huida, soledad, lazos familiares rotos, hijos, mujeres, sexo, ilusiones, pérdidas, abandono…

Te escucho tan humano, tan sincero, que me turba no sentirme turbada. No estar cubierta de tabúes ni de miedos al saberte de una, de otra, de mil. ¿Qué quiero de ti? ¿Una noche, un relato, unos orgasmos, una delicioso sabor a lujuria, un amigo con quien compartir? ¿Todo lo anterior?

No lo sé hoy, no lo quiero saber… hoy sólo gime mariposas dentro de mí… 

Yo, escritora…

In Cuentos on enero 12, 2012 at 4:04 pm

Dibujo imágenes en mi cabeza que nunca tengo tiempo para escribir, me detengo y disfruto de todo lo que voy imaginando y sigo diciendo que mañana empezaré a escribir. Ese mañana no llega nunca. Se vuelve un hilo interminable de días, semanas, meses y nunca hay tiempo suficiente. Me digo que me falta disciplina, pero verdaderamente lo que me hace falta es tiempo y un espacio para mí.

Las horas corren demasiado rápido y no encuentro cómo bajarme de la máquina de ama de casa en la viajo ahora. Los trastos se amontonan, la ropa no se lava sola y la casa sigue tirándose aun cuando no hay nadie en ella mas que yo. Nunca pensé demasiado en el trabajo de una ama de casa. Nunca me detuve a reflexionar sobre cómo sería el vivir esta vida que parece calmada y serena, pero que está llena de pequeños detallitos que no dejan que tome ni un minuto para mi misma.

No tengo hoy una historia que contar. Todo parece girar alrededor de la escoba y el trapeador (con los cuales no tengo una muy buena relación). Todo parece girar también en torno a mi hombre, mis hijas y las miles de cosillas que voy encontrando en mi camino y que están fuera de lugar. Los platos y vasos que parece que se reproducen solos y viajan a todos los rincones de la casa.

Enciendo un cigarro mientras escribo este texto y me hace sentir un placer culposo que me llena de una pequeñita sensación de libertad. Cada bocanada me recuerda esos momentos de soledad y contemplación donde en la oscuridad y el silencio escribía historias de mujeres, diminutos momentos en los que una vida cambia, en los que una mujer se encuentra consigo misma y descubre miles de secretos que solo se pueden hallar en su cabeza.

Mis secretos son mas simples, mis deseos más sencillos. Hoy solo quiero un poco de tiempo para mí. Extraño a mis mujeres y sus historias. Extraño convertirme en otra y describir lentamente cómo vive su vida, cómo siente, cómo anhela y cómo desenvuelve su feminidad con desesperación, esperanza, fe y amor.

Escribir se convierte en un deseo que nace desde el fondo de mi imaginación y de todas esas historias que voy escuchando en la calle, de la boca de mis amigas, de las mujeres que veo por la calle y de tantas mujeres que sin saberlo han marcado mi vida.

Todas tienen un lugar especial en estos cuentos que me invento, que escribo para tratar de entender un poco el mundo que yo nunca viviré. La cabeza de cada una de ellas tiene muchos pedazos de imágenes, de vivencias que las han marcado y que se pueden convertir en historias cotidianas con las que cualquiera se puede relacionar.

Es curioso cómo unas cuantas palabras que danzan sobre un papel pueden darle sentido a todo. Me encanta descubrir un poco de mí en las historias de alguien más. Quisiera poder conocer todos y cada uno de sus secretos para poder dibujar con palabras su personalidad y como están viviendo algún momento de su vida.

No me interesa contar toda su historia, solamente me gusta desenmarañar ese momento íntimo y privado que las hace fuertes y vulnerables. Me gustan los pensamientos profundos en los que descubren quiénes son, muchas veces con desesperación, muchas otras con ilusión.

Cuando tengo la oportunidad de conocer a alguna de estas musas presto mucha atención a su historia, cómo la cuentan, cómo se sienten y sobre todo trato de ponerme en sus zapatos para ser un testigo fiel de sus vidas. Me gusta también ver cómo aun cuando tratan de ocultar sus miedos con bromas, sufren. Me gusta mucho más ver al ser humano que lucha por vivir el día a día sin poder ocultar sus más secretos miedos.

Cada historia por mas cuidadosa que sea contada tiene muchos tintes de verdad y de mentira. Amo ver cómo la memoria es engañosa y una situación triste puede ser un día el más terrible momento y días después una historia de aprendizaje y reflexión.

Tengo muy abandonada a mi escritura y me tengo muy abandonada a mi. He buscado cada día complacer a mi pareja, a mis hijas, a mi entorno. Busco como encajar en un mundo diferente, con reglas que aun no entiendo y que posiblemente nunca llegue a entender. Tengo abandonada esa parte que me hace divertida y loca, que me hace saltar de alegría por las pequeñas cosas y que me hace convertir esas pláticas en dulces cuentos.

Este es un nuevo comienzo y en lo que me ajusto he abandonado lo que tanto amo por tratar de sobrevivir en una tierra fría y lejana que poco a poco me descubre su misterio. Cada día es más sencillo estar acá, sin embargo todavía tengo una sensación de miedo y de expectativa de lo que aparecerá mañana.

Es verdaderamente claro que me gusta la aventura y que me arriesgo en situaciones desconocidas para probarme a mi misma y que tengo un afán eterno de conocerlo todo y experimentarlo todo. Traté de controlar mi entorno hasta que él mismo me controló a mí. Regreso hoy a mí misma por medio de unas palabras. Esas palabras que me hacen escritora, testigo, audiencia de la vida que pasa frente a mí y que me invita a plasmarla en un papel para que la eternidad se lleve esos cuentos más allá de mi vida y de mi tiempo.

A %d blogueros les gusta esto: