Laura Zita

No es lo mismo que cazar gatos

In Cuentos on mayo 14, 2011 at 6:17 pm

Hoy amanecí un poco alterada, la noche no me cayó bien y me siento como apaleada. A las 3 de la mañana me levanté a comer. El gran vacío que tenía en el estómago, me despertó. Me siento muchas veces como un animal hambriento o como si dentro de mi viviera uno. Se va formando como un nudo justo debajo de mi diafragma y poco a poco este nudo crece y se vuelve un hueco que siento que me va a tragar por dentro.

Si no satisfago rápidamente su hambre, me hace revolcar por las nauseas más fuertes y asquerosas que he sentido en toda mi vida. Mi boca saliva y siento que me voltearé completa de adentro hacia fuera.

No quiero vomitar, es demasiado doloroso. Así que corro a buscar algo con que satisfacer su apetito. Muchas veces este antojo tiene un nombre, a veces con cualquier animalito del jardín es suficiente. Me da mucha pena tener que cazarlos en la oscuridad, pero no tengo otro remedio.

La última noche, desperté pensando en la gata negra que pasea en el patio trasero de la casa. Nunca supe si tenía dueño, pero no se veía descuidada y menos aun mal alimentada. Todas las noches, la veía paseando cerca de la ventana de mi habitación. Oía sus maullidos y la veía esconderse entre las sombras.

Ayer soñé como tomaba su cuerpecito con mis manos y en menos de un tronido, la partía en dos y bebía su sangre caliente. Sentía como la sangre se escurría por mis labios y entraba por mi garganta. El sabor a hierro era demasiado fuerte y me hizo despertar del asco. Tosí hasta que mi cuerpo sintió las arcadas previas al vomito. Entre dormida y despierta, aun descalza, me deslicé hacia el jardín trasero, donde la gata negra se escondía entre los arbustos debajo de mi ventana.

No me tomó ni un minuto agarrarla por el cuello. En un solo movimiento, con las dos manos troné su cuello. Fue demasiado fácil, lo difícil ahora: era beber su sangre sin vomitar del asco. Me llegó el olor a hierro nuevamente. Mi boca comenzó a salivar como cuando pienso en el pay de queso que comemos en Navidad. Dulce, suave y lleno de sabor.

Mientras cierro mis ojos y muerdo lentamente al felino me imagino que es el pay de queso. Crujiente en su costra de pay y suave y lechoso en su interior. El sabor no es tan desagradable, pero me doy cuenta rápidamente de que si quiero beber la sangre lo tengo que hacer rápidamente antes de que se enfríe.

No solo bebo la sangre, también disfruto de su carne jugosa y su interior caliente. Antes de ayer, solo había comido algunos insectos que encontraba a puños entre la maleza y había intentado morder a una rata muerta que encontré cerca de la coladera. Sin embrago, un cadáver frío empieza rápidamente a descomponerse y solo me provoco un vomito intenso toda la noche.

Mi olfato también ha cambiado, puedo oler a kilómetros a mi próxima presa. No es fácil entregarse a este placer culposo y cuando huelo algo que se me antoja comer trato de disfrazarlo con alguna vianda fresca que encuentro en el refrigerador. Nunca es lo mismo y el hambre solo se calma por unos minutos, pero siento que no termino por saciarme.

Las primeras noches de cacería pensaba que todo era parte de mi imaginación. Muchas veces desperté en la mañana con los pies sucios de tierra y las uñas llenas de lodo. Siempre creía que había sido un sueño, pero el sabor amargo de la sangre seca me decía que había sido real.

Intenté comer bien antes de dormir para evitar los bocados nocturnos, también llevé algunas galletas y dulces a la cama en caso de que el hambre me despertara. Noche tras noche, en mis sueños, veía como me escurría por la puerta trasera para buscar pequeños animalitos en el jardín.

Nunca había comido algo tan grande como un gato, pero me llenó de energía y por primera vez sentí que el hambre que me quema las entrañas se apagó.

Todo el día estuve somnolienta y malhumorada, pero también me siento fuerte y valiente. Siento pena por los animalitos del jardín. Siento pena también por las mascotas de los vecinos, pero por ahora y mientras mi bebé crezca tendré que comerlos de uno en uno.

Tal vez cuando tenga más práctica pueda ir por animales más grandes, tal vez incluso uno de mis vecinos. En esas noches de antojos, lo he pensado mucho y creo que con los meses un gatito o incluso un buen perro faldero no será suficiente. Mi bebé está creciendo rápidamente y sus necesidades también. Así como su hambre y su olfato para elegir a la siguiente comida.

Mi bebé tiene una preferencia especial por esas niñas que vienen a vender chocolates. Cada vez que tocan a la puerta siento como se me hace agua la boca. Siento su olor en la lengua e imagino su sabor dulce y apetitoso. Cuando vienen a la casa, abro rápidamente y compro todos los chocolates que puedo, solo para estar segura de que regresarán.

Desde que abro la puerta, el olor de sus cabecitas se mete por mi nariz y se convierte en un antojo que me revuelve el estómago. Siento como mi bebé se mueve y agudiza mis sentidos. Mientras las niñas están haciendo su labor de ventas y me dan varias cajas de chocolates, puedo oír como su dulce sangre caliente corre por sus venas al tiempo que mi boca se hace agua y mis manos ansían terminar con sus tiernas existencias y succionar toda la sangre que llevan por dentro.

Sin embargo, sé muy bien que no lo puedo hacer así. No durante el día y espero casi con fervor que llegue la noche y soñar con alguna de ellas. Mientras, me conformo con los animalitos que encuentro en el jardín.

Llega nuevamente la noche y con ella mi ansiedad. Hoy intentaré dormir, no estoy segura de que me levante a cazar en el jardín. Estoy cansada, pero también hambrienta. Cierro mis ojos y espero que mis sueños de sangre y animalitos nocturnos no me ensucien demasiado los pies. Mientras intento dormir, mi bebé va despertando. Quiere comer, tiene hambre nuevamente y sabe bien que es lo que quiere.

Me dejo caer en el ensueño, mientras imagino nuevos espacios para cazar. Ayer vi unos pequeños niños que dormían en unas calles solitarias cerca de mi casa. Tengo que pensar muy bien como acercarme y llevarme a uno de ellos. No es lo mismo que cazar gatos.

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  1. No me había dado el teimpo de entrar a tu blog pero me ha gustado bastante… Gracisa por compartir tus letras y tus pensamientos… Saludos desde el blog vecino…
    Ambar

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