Laura Zita

La musa fugitiva

In Cuentos on octubre 26, 2010 at 3:32 am

Mi musa se fue, tomó sus maletas y huyó. Se cansó de suspirarme historias al oído, de llenar mis sueños de cuentos fantásticos y mis pensamientos mas profundos de imágenes, olores y colores. Se cansó de que no la escuche, de que siempre estoy ocupada o demasiado cansada para escribir. Que cada noche le digo: “hoy no, pero mañana te dedicaré unos minutos”. Nunca es verdad porque cada noche estoy mas cansada que la anterior.

Así, ella se fue. Escapo por una pequeña grieta que había en un muro de mi habitación. Se hizo tan delgadita como un soplo de viento y se escabulló por detrás de mi nuca. Yo estaba tan cansada que ni siquiera sentí cuando me besó en la sien dulcemente, mientras musito un adiós.

Yo pensaba que las musas eran como la sombra y que estaban irremediablemente cosidas a su dueño. Que ellas no podían mas que esperar pacientemente hasta que el artista, volteara con hambre de creación y ellas estarían llenitas de nuevas ideas. Pues al parecer, no. Mi musa huyó.

También creía que las musas se morían sin que el artista las alimentara de sentimientos, emociones y nuevas experiencias, pero la mía va bien gordita y feliz por la vida. Viviendo y experimentando por ella misma. Debí haberla cuidado, debí haberla nutrido de nuevas sensaciones. Debí haberle prestado oídos dulces y dado palabras alentadoras, pero no, solo la utilizaba cuando la necesitaba y la abandonaba cuando la vida me daba otras satisfacciones.

La extraño. Extraño la suave brisita que soplaba en mi oreja, su voz melodiosa que llenaba mis sueños lúcidos, su mano que guiaba la mía mientras escribía cuentos escalofriantes que me llenaban de miedo. Amaba sentir su compañía, palmo a palmo. Adoraba mirar de reojo y verla ahí juntito a mi.

Ahora miro sobre mi hombro y no hay nada. Mi musa huyó, tomó sus maletas y despegó con sus propias alas. Está volando por tierras lejanas. Probándolo todo y tomando miles de fotografías. Está contenta, corriendo por las calles, saludando desconocidos, guardando en su bolsita recuerdos de cada ciudad y pueblo que visita.

La envidio un poco. Envidio su libertad y ligereza. Envidio que no tenga obligaciones ni presiones ni tiene que pagar cuentas ni levantarse temprano. No más, ahora es libre y está llena de curiosidad y ganas de vivir.

Mi musa huyó. Está recolectando anécdotas, pero no me preocupa, ya regresará cuando se aburra y quiera venir a susurrarme sus ansias de libertad y aventura porque ella sabe que esté es su puerto, su hogar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: