Laura Zita

El lobo

In Cuentos on octubre 26, 2010 at 4:31 am

Qué difícil es cuando te toca y te hace sentir que no puedes soportar más la ropa que te cubre… que quieres cubrir de besos su boca y su cuerpo de caricias. Qué te quema el haber prometido una y otra vez que nunca más. Que si tuvieras un solo día para vivir su piel dentro de la tuya lo tomarías aun cuando eso significa que solo lo tendrás que por unas horas… duele…

Prometes una y mil veces que esta vez es diferente, no le tomas la llamadas y juegas a ser difícil… inalcanzable… pero si te agarra en un momento de debilidad y escuchas su voz. Te ves a ti misma, desde lejos, aceptando un encuentro que tú sabes que no va a llevar a nada, solo unas horas sudorosas y miles de remordimientos.

¿Cómo alguien que te hace sentir tan bien, te hace sentir tan mal? Porque no te quiere a ti, solo a ti y se compromete. Se la pasan tan bien juntos, se ríen, juegan, comparten mil historias, pero sabes que en cuanto se vaya no habrá una llamada, ni siquiera una promesa de un encuentro posterior. Hasta que él, nuevamente tenga ganas de ti, por aburrimiento, por aprovechar la situación, porque siempre estas disponible.

Tú misma te ves de lejos saltar de emoción al recibir su llamada, saltas más alto para verlo y llegar a él, cuando él ni siquiera hace el esfuerzo por pasarte a buscar, tú llegas solita al matadero. Inmediatamente, te quiere quitar la ropa y tú le dices mil veces “no va a suceder” mientras te enredas en sus besos y envuelta en pasión te dejas llevar.

Después de estar piel con piel, de haberte llevado al cielo te deja caer desde las alturas con un sarcástico comentario: “¿No que no querías? Siempre dices lo mismo y ve”. ¡Mierda, lo volviste a hacer! Volviste a creer que lo que te dice tu piel, tu pasión, será verdad solo esta vez. Cada caricia, cada palabra dulce al oído, mientras se enredan en el baile de los cuerpos, parece una promesa de amor tácita que te eleva y te hace verte con él por siempre.

Si solo esos encuentros no tuvieran ese término abrupto podrías sostenerte de la fantasía siquiera unos días más, pero él no quiere que vivas de la ilusión quiere que sepas que esto es todo lo que vas a obtener de él. Porque no hay más, siquiera no para ti.

Cuando llega la cruda, cuando estás sola con millones de frases no dichas, con reclamos, palabras amorosas que te tragaste, con “te quieros” callados que se fundieron en gritos de pasión y éxtasis, te preguntas mil veces ¿qué no tengo? qué me falta? ¿por qué no me quiere a mí? ¿por qué sigue buscando y no soy yo? Si solo me diera una oportunidad, yo lo haría tan feliz…

Mientras no escuchas su llamado, aparentas ser una persona normal, cuerda. Sin embargo, cuando el lobo aúlla, como presa corres a su encuentro con hambre de él, con sed de sus labios, con ansias de amor.

Todos los otros hombres te parecen sosos, aburridos, no les das la menor oportunidad, pero si tu lobo llama… corres a ser devorada.

Es tan difícil decir que no, cuando lo que realmente deseas es que él deje de decir que no. Que te acepte como parte de su vida y te permita entrar en la de él. Que te ame, que te cuide y proteja como lo hace en tus sueños. Pero sabes que no va a suceder y esperas la próxima batalla, donde casi siempre has sido la perdedora, una presa más, otra piel, un gemido más para su colección de relaciones vacías y absurdas.

Más valdría correr que vivir el remordimiento de no haber puesto un límite, una barrera para tu corazón que se detiene a su comando. Más valdría no haberlo conocido. Tú siempre te consideraste cuidadosa, juiciosa y firme en tus creencias y tu actuar. ¿Qué tiene él que te encrespa los bellos de la espalda con solo tocarla? ¿Qué tiene que con un suspiro en tu oído sientes que se te caen las bragas? ¿Qué poder sobrehumano tiene que te embruja y le permites todo?

Duele aun más cuando te das cuenta de que definitivamente no eres tú, que si tiene novias, si mantiene relaciones amorosas con otras mujeres, pero tú nunca pertenecerás a esa lista. Que si no fuera por esas noches empiernados no habría nada más. Que aunque quieras no puedes volver atrás y convencerlo de que vea tus ojos, que te vea como una persona de carne y hueso, pero sobre todo que tome en cuenta tus sentimientos.

Se pierde por semanas, meses y cuando regresa vuelve a arruinar tu tranquilidad, tu cordura y te engañas diciéndote: esta vez sabré decir que no…

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  1. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia. Permitimos que nos usen, a sabiendas de que nosotros esperamos más. No aceptemos menos de lo que merecemos!!

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